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LAS SIETE LEYES ESPIRITUALES
DEL ÉXITO

El éxito tiene muchas facetas; la riqueza material es sólo una de ellas; además, es un viaje y no un destino. Pero se da la circunstancia de que la abundancia material, en todas sus manifestaciones, es una de las cosas que hacen que el viaje sea más agradable. Sin embargo, dentro del mismo concepto también se incluyen la buena salud, la energía y el entusiasmo por la vida, las relaciones personales satisfactorias, la libertad creativa, la estabilidad emocional y psicológica, la sensación de bienestar y la tranquilidad de espíritu.

Cuando hablamos del las leyes del éxito nos referimos al proceso a través del cual se expresa lo que no es manifiesto; es decir, aquel por el cual el observador se convierte en observado. La fuente de toda creación es lo divino (o es espíritu); y el proceso de creación es lo divino en movimiento (o mente), como su objeto es el universo físico. Estos tres componentes de la realidad son en esencia la misma cosa. Todos proceden del mismo lugar: del campo de potencialidad pura que es lo no manifiesto.

Las leyes físicas del universo son en realidad todo este proceso de lo divino en movimiento. Cuando las comprendemos y las aplicamos en nuestras vidas, podemos crear cualquier cosa que deseemos, pues las mismas leyes que emplea la naturaleza para crear un bosque, una galaxia, una estrella o un cuerpo humano, pueden producir también la realización de nuestros deseos más profundos.

Veamos ahora cuáles son estas siete leyes espirituales del éxito y cómo aplicarlas en nuestras vidas.

La ley de la potencialidad pura. “La fuente de toda la creación es la conciencia pura (...) la potencialidad pura que aspira a expresarse de lo no manifiesto en lo manifiesto. Y cuando nos damos cuenta de que nuestro yo verdadero es de potencialidad pura, nos alineamos con el poder que lo manifiesta todo en el universo.  En el principio no había ni existencia ni no existencia. Todo este mundo era energía no manifiesta... Todo este mundo era energía no manifiesta... El Uno alentaba sin aliento, por su propio poder. No había nada más”.

Esta cita pertenece al Himno de la Creación del Rig Veda. Y nos sirve para abordar la primera Ley espiritual del éxito, que se basa en el hecho de que nosotros, en nuestro estado esencial, somos conciencia pura. Esta conciencia pura es potencialidad pura; es el campo de todas las posibilidades y de la creatividad infinita. Por ser infinita e ilimitada, es también alegría pura. Otros atributos suyos son el conocimiento puro, el silencio infinito, el equilibrio perfecto, la invencibilidad, la simplicidad y la dicha.

Cuando usted descubre su naturaleza esencial y sabe quién es verdaderamente, en ese propio conocimiento se encuentra la capacidad de realizar cualquier sueño que pueda tener, pues usted es la posibilidad eterna, el potencial incalculable de todo lo que ha sido, es y será. La Ley de la potencialidad pura podría llamarse también Ley de la unidad, pues bajo la diversidad infinita de la vida subyace la unidad de un espíritu que todo lo penetra. No existe ninguna separación entre este campo de energía y usted. El campo de la potencialidad pura es su propio Yo. Y cuanto más conozca usted su propia naturaleza, más próximo estará a este campo.

¿Cómo podemos aplicar en nuestras vidas esta Ley que define el campo de todas las posibilidades? Si usted desea disfrutar sus beneficios, si quiere aprovechar plenamente la creatividad inherente a la conciencia pura, entonces tiene que tener acceso a la misma. Uno de los modos de acceder a este campo es a través de la práctica diaria del silencio, la meditación y la abstinencia de juicios de valor. Los ratos pasados en la naturaleza también permitirán acceder a las cualidades inherentes en este campo: la creatividad infinita, la libertad y la dicha. Para llevarla a la práctica es necesario comprometerse a dar los siguientes pasos:

1. Entraré en contacto con el campo de la potencialidad pura dedicando algún tiempo cada día a guardar silencio, simplemente a ser. También practicaré a solas la meditación silenciosa al menos dos veces al día, aproximadamente treinta minutos por la mañana y treinta minutos por la noche.

2. Dedicaré cierto tiempo cada día a entrar en comunión con la naturaleza y a presenciar en silencio la inteligencia que se encierra en todas las cosas vivas. Me sentaré en silencio a contemplar una puesta de sol, o a escuchar el sonido del mar o de un río, o simplemente a apreciar el aroma de una flor. En el éxtasis de mi propio silencio, y entrando en comunión con la naturaleza, disfrutaré del palpitar de la vida y de la creatividad sin límites.

3. Practicaré la abstinencia de juicios de valor. Empezaré mi jornada con esta afirmación “Hoy no juzgaré nada de lo que suceda”; y a lo largo del día me recordaré a mí mismo que no debo hacer juicios de valor.

La ley de la entrega. La interacción de elementos y de fuerzas en nuestra vida actúa según la Ley de la entrega. Dado que nuestro cuerpo, nuestra mente y el universo mantienen un intercambio constante y dinámico, detener la circulación de la energía es como interrumpir el flujo de la sangre. Cuando ésta deja de fluir, empieza a coagularse, a cuajarse y a estancarse.

Por eso, usted debe dar y recibir para conservar la circulación de la riqueza y la abundancia –o cualquier otra cosa que desee- en su vida.

Cuanto más entregue usted, más recibirá pues mantendrá circulando la abundancia del universo. En realidad, cualquier cosa que tenga valor no hace más que multiplicarse cuando se entrega. La vida es la danza eterna de la conciencia que se expresa a sí misma en forma de intercambio dinámico de impulsos de inteligencia entre el microcosmos y el macrocosmos, entre el cuerpo humano y el cuerpo universal, entre la mente humana y la mente cósmica.

Cuando usted aprende a entregar lo mismo que busca, pone en marcha esta danza y la dirige con un movimiento exquisito, energético y vital que constituye el palpitar eterno de la vida.

Comprométase a dar los pasos siguientes:

1. Vaya donde vaya, llevaré un regalo para todas las personas con quienes me relacione. El regalo puede ser una frase agradable, una flor o una oración. Hoy entregaré algo a todas las personas con las que entre en contacto, y pondré en marcha así el proceso de circulación de la alegría, de la riqueza y de la abundancia.

2. Hoy recibiré con agradecimiento todos los dones que me ofrece la vida. Recibiré los dones de la naturaleza: la luz del sol y el canto de los pájaros, o las lluvias de primavera, o la primera nieve del invierno. También estaré abierto a lo que recibo de los demás, ya sean regalos materiales, dinero, palabras amables u oraciones.

3. Me comprometeré a mantener la circulación de la riqueza en mi vida a base de entregar y de recibir los dones más preciosos: los del interés, el afecto, el aprecio y el amor. Cada vez que me encuentre con alguien, le desearé calladamente felicidad, alegría y buen humor.

La ley del Karma o de la causalidad. La tercera es la Ley del Karma. El “Karma” es a la vez acción y las consecuencias de esa acción; es causa y es efecto, simultáneamente, pues toda acción engendra una carga de energía que vuelve a nosotros en igual cantidad.

Todos los actos de la existencia son episodios kármicos. Tomarse una taza de café es un episodio kármico. Dicho acto engendra un recuerdo en la memoria y ésta tiene la capacidad o la potencialidad de engendrar deseo. Y el deseo vuelve a engendrar actos. Nuestra alma es un paquete de conciencia que tiene semillas del karma, de la memoria y del deseo. Volviéndonos conscientes de estas semillas de la manifestación, nos hacemos generadores conscientes de la realidad. Convirtiéndonos en tomadores de decisiones conscientes, empezamos a engendrar actos que son evolutivos para nosotros y para quienes nos rodean. Y eso es todo lo que tiene que hacer usted. Mientras el karma sea evolutivo –tanto para el Yo como para todos a los que afecta el Yo-, sus frutos serán la felicidad y el éxito.

Comprométase a dar los pasos siguientes:

1. Hoy observaré las decisiones que tomo en cada momento. Y, por la simple observación de estas decisiones, las llevaré a mi atención consciente. Sabré que la mejor manera de prepararme para cualquier momento del futuro es ser plenamente consciente en el presente.

2. Siempre que tome una decisión, me haré a mí mismo dos preguntas: “¿Cuáles son las consecuencias de esta decisión que estoy tomando?” y “¿Me producirá realización personal y felicidad a mí mismo, y se las producirá a aquellos a los que afecta mi decisión?”.

3. Después, pediré orientación a mi corazón y me dejaré guiar por su mensaje de bienestar o de malestar. Si la decisión me produce una sensación de bienestar, seguiré adelante sin titubear. Si la decisión me produce malestar, me detendré para ver las consecuencias de mi acto con mi visión interior. Esta orientación me capacitará para tomar decisiones espontáneas correctas para mí mismo y para todos los que me rodean.

La Ley del mínimo esfuerzo. Si usted observa a la naturaleza en acción, verá que en ella se gasta un mínimo de esfuerzo. La hierba no se esfuerza por crecer; simplemente, crece. Los peces no se esfuerzan por nadar, simplemente, nadan; la Tierra no se esfuerza por girar sobre su eje; es propio de la naturaleza de la Tierra girar a una velocidad vertiginosa y volar por el espacio. La Ley del mínimo esfuerzo tiene tres componentes: tres cosas que usted puede hacer para llevar a la práctica este principio de “hacer menos y conseguir más”.

El primero es la aceptación. La aceptación significa, sencillamente, hacer el siguiente compromiso: “Hoy aceptaré a la gente, las situaciones, las circunstancias y los sucesos tal como se presenten”. Es decir, sabré que este momento es tal como debe ser, pues todo el universo es tal como debe ser. Este momento, el que estamos viviendo ahora mismo, es la culminación de todos los momentos que hemos vivido en el pasado. Este momento es tal como es porque el universo es tal como es.

Esto nos conduce al segundo componente de la Ley del mínimo esfuerzo: la responsabilidad. ¿Qué es la responsabilidad? La responsabilidad significa no echar la culpa de nuestra situación a nada ni a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.

El tercer componente es la indefensión, lo que quiere decir que nuestra atención se establece en la indefensión y que hemos renunciado a la necesidad de convencer o de persuadir a los demás de nuestro punto de vista. Si observa a las personas que lo rodean, advertirá que dedican un noventa y nueve por ciento de su tiempo a defender sus puntos de vista.

Comprométase a dar los siguientes pasos:

1. Hoy aceptaré todo tal como ocurra. Sé que este momento es tal como debe ser, porque el universo es tal como debe ser. Acepto las cosas tal como son en este momento y no como desearía que fueran.

2. Asumiré la responsabilidad de mi situación, lo que significa no culpabilizar  a nadie, ni siquiera a mí mismo.

3. Hoy renunciaré a defender mi punto de vista, sin necesidad alguna de convencer a nadie. Me mantendré abierto a todos los puntos de vista.

La Ley de la intención y del deseo. Esta ley se basa en el hecho de que la energía y la información están por todas partes en la naturaleza. En concreto, en el nivel del campo cuántico no existe nada que no sea energía e información. El campo cuántico no es más que otro nombre del campo de la conciencia pura o de la potencialidad pura.

Nuestro cuerpo no está apartado del cuerpo del universo, pues en los niveles de la mecánica cuántica  no existen límites bien definidos. Somos como una sacudida, una onda, una fluctuación, una circunvolución, un remolino, una perturbación local en el campo cuántico más general. El campo cuántico más general –el universo- es nuestro cuerpo ampliado.

La intención es el poder verdadero que está detrás del deseo. La intención, por sí sola, es muy poderosa, pues es deseo sin apego al resultado. El deseo, por sí solo, es débil, porque para la mayoría de las personas es atención con apego. La intención es deseo con adhesión estricta a todas las demás Leyes.

Comprométase  a dar los pasos siguientes:

1. Prepararé una lista de todos mis deseos. Llevaré conmigo esta lista dondequiera que vaya. Repasaré la lista antes de mis ratos de silencio y de meditación. La repasaré antes de acostarme por la noche. La repasaré cuando me despierte por la mañana.

2. Liberaré esta lista de deseos y la someteré al vientre de la creación, confiando en que, cuando las cosas no parecen marchar a mi favor, es por un motivo, y en que el plan cósmico tiene para mí unos designios mucho  más grandiosos todavía de lo que yo he concebido.

3. Me recordaré a mí mismo que debo practicar el conocimiento del momento presente en todos mis actos. Me negaré a permitir que los obstáculos consuman y disipen la calidad de mi atención al momento presente. Aceptaré el presente tal como es, y manifestaré el futuro a través de mis intenciones y deseos más profundos y más apreciados.

La Ley del desapego. La sexta es la Ley del desapego. Establece que para adquirir cualquier cosa en el universo físico es preciso renunciar al apego a esa misma cosa. Esto no quiere decir que abandonemos la intención de crear nuestro deseo. No abandonamos la intención ni el deseo. Pero sí nuestro apego al resultado.

Esta acción es muy poderosa. En el momento en el cual renunciemos al apego al resultado, combinando la intención apuntada con el desapego simultáneamente, tendremos todo lo que deseamos. Renuncie a su apego a lo conocido, adéntrese en lo desconocido, y entrará en el campo de todas las posibilidades. Su disposición a internarse en lo desconocido le aportará por añadidura la sabiduría de la incertidumbre.

Esto quiere decir que, en cada momento de su vida, tendrá emoción, aventura y misterio. Vivirá la alegría de la vida, la magia, la fiesta, el regocijo y la exaltación de su espíritu.

Comprométase a dar los pasos siguientes:

1. Hoy practicaré el desapego. Me permitiré a mí mismo y a quienes me rodean la libertad de ser tal como somos. No impondré rígidamente mi idea de cómo deben ser las cosas. No impondré soluciones forzadas a los problemas, creando así nuevos problemas. Intervendré en todo con participación desapegada.

2. Hoy añadiré la incertidumbre como ingrediente esencial de mi experiencia. En mi disposición a aceptar la incertidumbre, encontraré soluciones que surgirán del problema, de la confusión, del desorden y del caos. Cuanto más inciertas parezcan las cosas, más seguro me sentiré yo, pues la incertidumbre es el camino que me conduce a la libertad. Encuentro mi seguridad a través de la sabiduría de la incertidumbre.

3. Me internaré en el campo de todas las posibilidades y esperaré la emoción que puede producirse cuando me mantengo abierto a un número infinito de opciones. Cuando me adentre en el campo de todas las posibilidades, viviré toda la alegría, la magia y el misterio de la vida.

La Ley del Dharma o del propósito en la vida. Según esta ley, cada uno de nosotros tiene un talento singular y una manera igualmente singular de expresarlo. Existe algo que cada uno de nosotros puede hacer mejor que nadie más en todo el mundo; y para cada talento singular y cada expresión de este talento existen también unas necesidades singulares. Cuando estas necesidades se corresponden con la expresión creativo de nuestro talento, ésa es la chispa.

La ley del Dharma tiene tres componentes. El primero establece que cada uno de nosotros estamos aquí para descubrir nuestro Yo verdadero, para que averigüemos por nuestra cuenta que nuestro Yo verdadero es espiritual, y que somos esencialmente seres espirituales que nos hemos manifestado bajo una forma física.

El segundo es la expresión de nuestros talentos singulares y sostiene que usted tiene un talento singular en su expresión; tan singular que no existe nadie vivo sobre este planeta que tenga ese mismo talento, o la expresión del mismo. Esto significa que hay algo que usted es capaz de hacer de una manera determinada mejor que nadie más que en todo este planeta. Cuando lo está haciendo, pierde la noción del tiempo.

El tercer componente es el servicio a la humanidad: servir a nuestro prójimo humano y preguntarnos: “¿Cómo puedo ayudar? ¿Cómo puedo ayudar a todos aquellos que entro en contacto?” Cuando usted combina su talento singular con el servicio a la humanidad está haciendo un uso pleno de la Ley del Dharma. Y sumada a la vivencia de su propia espiritualidad, el campo de la potencialidad pura, no habrá nada que le cierre el acceso a la abundancia ilimitada, pues esa es la manera en que se consigue verdaderamente la abundancia.

Comprométase a dar los pasos siguientes:

1. Hoy nutriré con amor al dios o la diosa que está muy dentro de mi alma en estado embrionario. Prestaré atención al espíritu que está dentro de mí y que anima tanto a mi cuerpo como a mi mente. Me despertaré a la profunda quietud que está dentro de mi corazón. Llevaré conmigo la conciencia del ser intemporal-eterno, dentro de la experiencia temporal.

2. Preparé una lista de mis talentos singulares. Después, prepararé una lista de todas las cosas que me gusta hacer mientras expreso mis talentos. Cuando los pongo al servicio de la humanidad, pierdo la noción del tiempo y genero abundancia en mi vida, así como en las vidas de los demás.

3. Me preguntaré todos los días: “¿Cómo puedo servir?” y “¿Cómo puedo ayudar?”


Extraído del libro
Las siete leyes espirituales del éxito
Editorial EDAF
Autor: DEEPAK CHOPRA

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