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LA SALUD RESIDE EN EL EQUILIBRIO


La mayor parte de la medicina moderna está basada en la teoría microbiana de la enfermedad propuesta por Luis Pasteur (1822-1895). Ésta entiende el cuerpo como una  maquina esterilizada que operará adecuadamente siempre  y cuando no se introduzcan en ellas sustancias extrañas. Por tanto, piensa que al entrar  microbios específicos en el  organismo,  se produce una enfermedad concreta. Para devolverle la salud al paciente, se utilizan antibióticos y otras sustancias químicas encargadas de destruir a esos organismos. Si no hay microbios, no hay enfermedad. La salud se define como la ausencia de gérmenes causantes de enfermedades.

Esta teoría contempla el cuerpo desde un punto de vista sistemático; es decir, determinados virus afectan al sistema digestivo, ciertas bacterias infectan el sistema respiratorio  y ello lleva a considerar que la enfermedad reside en ese sistema concreto. El gastroenterópata no le puede ayudar con  un problema de sinusitis y un urólogo no se atrevería a  darle consejos a un paciente asmático. La premisa básica es que la dolencia está localizada en un sistema y que, al eliminar  los microbios del mismo, se recuperará la salud.

Esto supone asumir que el resto del cuerpo está sano y sólo una parte concreta necesita atención. También se presume que los microbios son extraños al funcionamiento  natural del cuerpo. El objetivo de la medicina basada en esta  teoría es asegurarse de que cada sistema individual funciona adecuadamente y está libre de infecciones víricas o  bacterianas.

El famoso fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878) comprendió el concepto de “integral”. Hizo hincapié en la importancia del entorno o medio interno del cuerpo. A diferencia de la extendida doctrina de Pasteur, Bernard señaló que los microbios (por ejemplo, bacterias y virus) no podían causar enfermedades a menos que el “medio” estuviese desequilibrado e indujera el desarrollo de la enfermedad. En su opinión, para que los gérmenes nos enfermen es  necesario que el “medio” ya esté trastornado.

El conocido microbiólogo René Debous coincidía con este principio básico al escribir: “La mayoría de las enfermedades microbianas son provocadas por organismos ya presentes en el organismo de un individuo normal. Se  convierten en causa de enfermedad al producirse una perturbación que trastorna el equilibrio orgánico”. En otras  palabras, no es la presencia de bacterias o virus lo que causa la  enfermedad; más bien, ocurre que el desequilibrio en el  funcionamiento normal del cuerpo impide mantener los  microbios a raya. Los microbios siempre están ahí- de hecho, son absolutamente necesarios para el funcionamiento orgánico-, pero si el cuerpo está debilitado o trastornado, provocarán dolencias.

Royal R. Rife, el genio del microscopio de los años treinta, descubrió que si alteraba el medio donde crecían bacterias inofensivas, éstas se transformaban en mortales. Más importante aún: cuando devolvía el medio a su estado de  equilibrio original, los microbios potencialmente mortales volvían a hacerse inocuos.

Es cierto que existen organismos mortales que incluso el cuerpo más sano puede vencer (por ejemplo, la bacteria de la tuberculosis o el virus del sida). Sin embargo, incluso en estos casos, la gravedad de la enfermedad es siempre  inversamente proporcional al estado del medio interno del cuerpo y a su sistema de defensa; es decir, a su sistema  inmunológico.

Un medio desequilibrado ocasiona que se debiliten las defensas y la dolencia será más grave. Las enfermedades degenerativas -aquellas que implican el deterioro progresivo de un órgano o sistema corporal; por ejemplo, el cáncer, la  diabetes o el Alzheimer, -son consecuencia de la inestabilidad del medio interno y sólo de manera secundaria se ven afectados por el microbio foráneo. Los trastornos degenerativos aparecen debido al desequilibrio integral, en todo el organismo, de una perturbación del medio. Es interesante señalar que, en su lecho de muerte, Pasteur denunció su propia teoría con una frase inequívoca: “Bernard tiene razón. El microbio no es nada. Lo importante es el medio”.

La perspectiva holística

La salud es un estado integral que se caracteriza por la estabilidad y el equilibrio perfecto del medio interno del organismo. Se trata de un equilibrio en todos los niveles, desde  el cuerpo a cada uno de sus sistemas, órganos, células y  reacciones químicas. Estas últimas nos afectan especialmente  porque, cuando las células no funcionan adecuadamente, tampoco lo hacen los órganos. Por otra parte, muchos de los  problemas que experimentamos en el dominio químico  están relacionados con  las elecciones que, como personas, tomamos respecto a nuestro estilo de vida y hábitos. Como  consecuencia, cualquier remedio que pretenda ser efectivo para erradicar a enfermedad debe tomar en consideración a la persona en su conjunto. La recuperación de la salud empieza comprendiendo que aportar “cosas sanas” al cuerpo es fundamental para sentirnos plenos y saludables.

La teoría holística se puede desglosar en tres áreas: sano para el cuerpo, para el alma y para el espíritu.

Sano para el cuerpo

La consecución de la salud empieza por aportarle al organismo todo lo necesario para su correcto  funcionamiento. Esto significa mantener un equilibrio entre actividad y el descanso, entre el calor y el frío, la gordura  y la delgadez. Todos los extremos conducen al desequilibrio y a la enfermedad.  La fatiga y la hipertermia suponen una carga para el organismo y, por consiguiente,  lo hacen más susceptible a la enfermedad. También  debemos hidratarnos bien y mantener un equilibrio entre los  nutrientes necesarios para la actividad celular. Para la mayoría de nosotros, esto implica tomar complementos alimentarios, ya que nuestras dietas son incapaces de aportar todo lo que el organismo necesita.

Los alimentos artificiales, aquellos creados por el hombre, no pueden suministrar lo que el cuerpo requiere para  mantener esta estabilidad e integridad. No es posible permanecer sanos con ellos. No nos engañemos. Aunque  los alimentos de hoy en día tienen un aspecto excelente y saben  muy bien, carecen de sustancias nutritivas y muy a menudo contienen otras tóxicas que dañan y deterioran el medio interno. Por otra parte; los alimentos de Dios tienen la fuerza  vital-nutrientes,  enzimas y otros elementos esenciales-, necesaria para mantener el poder curativo del organismo. Sin ellos, el cuerpo parece antes de su debido tiempo.

Los alimentos que Dios creó previenen y curan la  enfermedad, pero los intentos del hombre por mejorarlos han  sido un fracaso. Paradójicamente, son ellos los que causan las  enfermedades a las cuales nos enfrentamos a diario.

Sano para el  alma

Además de las tensiones físicas a las que estamos expuestos, también sufrimos tensiones emocionales que, para el cuerpo, suponen una carga tan grande como las físicas, e incluso a veces más. Tenga presente lo que acabamos de decir: el  cuerpo carga con la tensión emocional.

Para estar sanos, debemos aprender a nutrir el alma y darle lo que necesita para su equilibrio. No es posible  vivir sin sentimientos. Los que lo intentan, sólo están  reprimiéndolos, lo que amplifica la tensión emocional y el cuerpo reacciona manifestando enfermedades como colitis, migrañas, úlceras, cáncer y otros trastornos. Debemos  aprender a  armonizar las emociones negativas con otras  positivas.

Estos son algunos ejemplos:

  • Reduzca el tiempo que dedica a preocuparse. Reserve aproximadamente una hora semanal para preocuparse intensamente, pero disfrute de la vida durante el resto de la semana.
  • Cultive la amistad  de personas que le apoyen y revitalicen, y haga lo mismo por ellas.
  • La música nutre el alma. Permite expresar las emociones sin dirigirlas a ningún problema en concreto y fortalece nuestra conexión con la humanidad.
  • Reciba un masaje. Aunque lo crea una terapia física, también hace maravillas con las emociones. Genera paz  y libera las tensiones emocionales que se acumulan en los  músculos.
  • Ría mucho y alto. Buscamos el equilibrio; cuanto peor sienta, más necesitará de una buena carcajada.

 

Sano para el espíritu

La mejor definición de espiritualidad es: búsqueda para saber dónde encajamos con todo. El hombre, creado a imagen de Dios (Espíritu)  es también un espíritu que reside un cuerpo y posee un alma.

 Cuando se acepta y reconoce que existe un poder superior que nos ha creado, se alcanza el equilibrio. El siguiente paso es aprender que no somos Dios. Él es infinitamente  bueno, omnisciente y todo poderoso. Poseemos un poco de  bondad, conocimiento y poder, pero la mayor parte de nuestras vidas está dedicada a paliar los daños que nos causamos a nosotros  y a los demás debido a nuestra ignorancia e  incapacidad de ejercer control sobre nuestra persona. Si todo  esto es cierto, debemos pedir auxilio. No se puede descubrir la  verdad en solitario.  Necesitamos iluminación y ayuda para  cambiar.  Hasta que no nos sumerjamos en este proceso de  transformación para ajustarnos a la verdad, estaremos en desequilibrio.

¿Qué tiene todo esto que ver con la salud? Cuando la mente está corrompida por falsedades y llevamos a cabo elecciones basadas en una información falaz, empezamos a  engañarnos y a inventar razones “lógicas” para validar  resoluciones equivocadas, y nos alejamos de la verdad. Esto, a su vez, corrompe nuestras relaciones con las personas que nos rodean, e incluso induce a conductas autodestructivas.

No tendremos más remedio que vivir con las consecuencias de esas elecciones equivocadas causantes de vergüenza, culpabilidad  y tensión emocional, que influirán directamente  en nuestro estado emocional y conducirán a cambios  químicos en el cerebro y organismo, que a su vez  acabaran provocando enfermedades.

La salud integral y su mantenimiento es una tarea para  toda la vida.  No hay remedios sencillos ni soluciones mágicas. Debemos asumir la responsabilidad sobre nuestro cuerpo, alma y espíritu. Ello supone  un cambio radical de actitud y un nuevo entendimiento del organismo y los nutrientes necesarios para sustentarlo.

La paradoja del oxígeno

En conocimiento con la idea de que el equilibrio integral del individuo es la clave para mantener la salud, muchos profesionales de la medicina han empezado a prestar atención a teorías alternativas. Un fascinante y nuevo descubrimiento es la paradoja  del oxígeno y cómo puede emplearse en nuestro provecho. Una vez que entendamos qué es, cómo funciona y cómo contrarrestarlo, esto cambiará literalmente  la vida de sus seres queridos y la suya propia.


Texto extraído del libro: LOS SUPER-ANTIOXIDANTES
Autor: Dr. James F. Blach
Editorial Sirio

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