LA SALUD RESIDE EN EL EQUILIBRIO
Esta teoría contempla el cuerpo desde un punto de vista sistemático; es decir, determinados virus afectan al sistema digestivo, ciertas bacterias infectan el sistema respiratorio y ello lleva a considerar que la enfermedad reside en ese sistema concreto. El gastroenterópata no le puede ayudar con un problema de sinusitis y un urólogo no se atrevería a darle consejos a un paciente asmático. La premisa básica es que la dolencia está localizada en un sistema y que, al eliminar los microbios del mismo, se recuperará la salud. Esto supone asumir que el resto del cuerpo está sano y sólo una parte concreta necesita atención. También se presume que los microbios son extraños al funcionamiento natural del cuerpo. El objetivo de la medicina basada en esta teoría es asegurarse de que cada sistema individual funciona adecuadamente y está libre de infecciones víricas o bacterianas. El famoso fisiólogo francés Claude Bernard (1813-1878) comprendió el concepto de “integral”. Hizo hincapié en la importancia del entorno o medio interno del cuerpo. A diferencia de la extendida doctrina de Pasteur, Bernard señaló que los microbios (por ejemplo, bacterias y virus) no podían causar enfermedades a menos que el “medio” estuviese desequilibrado e indujera el desarrollo de la enfermedad. En su opinión, para que los gérmenes nos enfermen es necesario que el “medio” ya esté trastornado. El conocido microbiólogo René Debous coincidía con este principio básico al escribir: “La mayoría de las enfermedades microbianas son provocadas por organismos ya presentes en el organismo de un individuo normal. Se convierten en causa de enfermedad al producirse una perturbación que trastorna el equilibrio orgánico”. En otras palabras, no es la presencia de bacterias o virus lo que causa la enfermedad; más bien, ocurre que el desequilibrio en el funcionamiento normal del cuerpo impide mantener los microbios a raya. Los microbios siempre están ahí- de hecho, son absolutamente necesarios para el funcionamiento orgánico-, pero si el cuerpo está debilitado o trastornado, provocarán dolencias. Royal R. Rife, el genio del microscopio de los años treinta, descubrió que si alteraba el medio donde crecían bacterias inofensivas, éstas se transformaban en mortales. Más importante aún: cuando devolvía el medio a su estado de equilibrio original, los microbios potencialmente mortales volvían a hacerse inocuos. Es cierto que existen organismos mortales que incluso el cuerpo más sano puede vencer (por ejemplo, la bacteria de la tuberculosis o el virus del sida). Sin embargo, incluso en estos casos, la gravedad de la enfermedad es siempre inversamente proporcional al estado del medio interno del cuerpo y a su sistema de defensa; es decir, a su sistema inmunológico. Un medio desequilibrado ocasiona que se debiliten las defensas y la dolencia será más grave. Las enfermedades degenerativas -aquellas que implican el deterioro progresivo de un órgano o sistema corporal; por ejemplo, el cáncer, la diabetes o el Alzheimer, -son consecuencia de la inestabilidad del medio interno y sólo de manera secundaria se ven afectados por el microbio foráneo. Los trastornos degenerativos aparecen debido al desequilibrio integral, en todo el organismo, de una perturbación del medio. Es interesante señalar que, en su lecho de muerte, Pasteur denunció su propia teoría con una frase inequívoca: “Bernard tiene razón. El microbio no es nada. Lo importante es el medio”. La perspectiva holística La salud es un estado integral que se caracteriza por la estabilidad y el equilibrio perfecto del medio interno del organismo. Se trata de un equilibrio en todos los niveles, desde el cuerpo a cada uno de sus sistemas, órganos, células y reacciones químicas. Estas últimas nos afectan especialmente porque, cuando las células no funcionan adecuadamente, tampoco lo hacen los órganos. Por otra parte, muchos de los problemas que experimentamos en el dominio químico están relacionados con las elecciones que, como personas, tomamos respecto a nuestro estilo de vida y hábitos. Como consecuencia, cualquier remedio que pretenda ser efectivo para erradicar a enfermedad debe tomar en consideración a la persona en su conjunto. La recuperación de la salud empieza comprendiendo que aportar “cosas sanas” al cuerpo es fundamental para sentirnos plenos y saludables. La teoría holística se puede desglosar en tres áreas: sano para el cuerpo, para el alma y para el espíritu. Sano para el cuerpo La consecución de la salud empieza por aportarle al organismo todo lo necesario para su correcto funcionamiento. Esto significa mantener un equilibrio entre actividad y el descanso, entre el calor y el frío, la gordura y la delgadez. Todos los extremos conducen al desequilibrio y a la enfermedad. La fatiga y la hipertermia suponen una carga para el organismo y, por consiguiente, lo hacen más susceptible a la enfermedad. También debemos hidratarnos bien y mantener un equilibrio entre los nutrientes necesarios para la actividad celular. Para la mayoría de nosotros, esto implica tomar complementos alimentarios, ya que nuestras dietas son incapaces de aportar todo lo que el organismo necesita. Los alimentos artificiales, aquellos creados por el hombre, no pueden suministrar lo que el cuerpo requiere para mantener esta estabilidad e integridad. No es posible permanecer sanos con ellos. No nos engañemos. Aunque los alimentos de hoy en día tienen un aspecto excelente y saben muy bien, carecen de sustancias nutritivas y muy a menudo contienen otras tóxicas que dañan y deterioran el medio interno. Por otra parte; los alimentos de Dios tienen la fuerza vital-nutrientes, enzimas y otros elementos esenciales-, necesaria para mantener el poder curativo del organismo. Sin ellos, el cuerpo parece antes de su debido tiempo. Los alimentos que Dios creó previenen y curan la enfermedad, pero los intentos del hombre por mejorarlos han sido un fracaso. Paradójicamente, son ellos los que causan las enfermedades a las cuales nos enfrentamos a diario. Sano para el alma Además de las tensiones físicas a las que estamos expuestos, también sufrimos tensiones emocionales que, para el cuerpo, suponen una carga tan grande como las físicas, e incluso a veces más. Tenga presente lo que acabamos de decir: el cuerpo carga con la tensión emocional. Para estar sanos, debemos aprender a nutrir el alma y darle lo que necesita para su equilibrio. No es posible vivir sin sentimientos. Los que lo intentan, sólo están reprimiéndolos, lo que amplifica la tensión emocional y el cuerpo reacciona manifestando enfermedades como colitis, migrañas, úlceras, cáncer y otros trastornos. Debemos aprender a armonizar las emociones negativas con otras positivas. Estos son algunos ejemplos:
Sano para el espíritu La mejor definición de espiritualidad es: búsqueda para saber dónde encajamos con todo. El hombre, creado a imagen de Dios (Espíritu) es también un espíritu que reside un cuerpo y posee un alma. Cuando se acepta y reconoce que existe un poder superior que nos ha creado, se alcanza el equilibrio. El siguiente paso es aprender que no somos Dios. Él es infinitamente bueno, omnisciente y todo poderoso. Poseemos un poco de bondad, conocimiento y poder, pero la mayor parte de nuestras vidas está dedicada a paliar los daños que nos causamos a nosotros y a los demás debido a nuestra ignorancia e incapacidad de ejercer control sobre nuestra persona. Si todo esto es cierto, debemos pedir auxilio. No se puede descubrir la verdad en solitario. Necesitamos iluminación y ayuda para cambiar. Hasta que no nos sumerjamos en este proceso de transformación para ajustarnos a la verdad, estaremos en desequilibrio. ¿Qué tiene todo esto que ver con la salud? Cuando la mente está corrompida por falsedades y llevamos a cabo elecciones basadas en una información falaz, empezamos a engañarnos y a inventar razones “lógicas” para validar resoluciones equivocadas, y nos alejamos de la verdad. Esto, a su vez, corrompe nuestras relaciones con las personas que nos rodean, e incluso induce a conductas autodestructivas. No tendremos más remedio que vivir con las consecuencias de esas elecciones equivocadas causantes de vergüenza, culpabilidad y tensión emocional, que influirán directamente en nuestro estado emocional y conducirán a cambios químicos en el cerebro y organismo, que a su vez acabaran provocando enfermedades. La salud integral y su mantenimiento es una tarea para toda la vida. No hay remedios sencillos ni soluciones mágicas. Debemos asumir la responsabilidad sobre nuestro cuerpo, alma y espíritu. Ello supone un cambio radical de actitud y un nuevo entendimiento del organismo y los nutrientes necesarios para sustentarlo. La paradoja del oxígeno En conocimiento con la idea de que el equilibrio integral del individuo es la clave para mantener la salud, muchos profesionales de la medicina han empezado a prestar atención a teorías alternativas. Un fascinante y nuevo descubrimiento es la paradoja del oxígeno y cómo puede emplearse en nuestro provecho. Una vez que entendamos qué es, cómo funciona y cómo contrarrestarlo, esto cambiará literalmente la vida de sus seres queridos y la suya propia. Texto extraído del libro: LOS SUPER-ANTIOXIDANTES
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