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LA PSICOLOGÍA PROFUNDA
DE CARL GUSTAV JUNG

 

Apuntes curso Hipnoanálisis impartido por Jordi jordana

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Índice:

 

Introducción

Las preocupaciones y los intereses de Carl G. Jung (1875-1961), discípulo predilecto de Freud y fundador más tarde de la escuela psicoanalítica rival de la vienesa, no solamente se dirigieron hacia la investigación clínica y la psicoterapia, sino también hacia varios campos del conocimiento, como filosofía, religiones comparadas, lingüística, antropología y mitología, los cuales permitieron arrojar luz sobre las zonas oscuras de la psique, explicar sus tensiones o conflictos y predecir su expresión o manifestación en el comportamiento. Según Jung, su psicología estudia los fenómenos psíquicos y no es una ciencia académica abstracta, sino la formulación de experiencias prácticas, orientadas de acuerdo a un método científico natural.

La psicología de Jung consta de: a) una parte teórica, cuyos aspectos principales son, por un lado, la esencia y la estructura de la psique y, por otro, las leyes de la dinámica y actividad de la psique; b) una parte práctica que se basa en todo lo anterior y que es un método psicoterapéutico.

Jung admite antes que nada la realidad absoluta de todo lo psíquico y lo considera tan real como lo corporal. Lo psíquico es así un mundo gobernado por leyes, estructurado y provisto de medios de expresión particulares. Todo cuanto sabemos de nosotros mismos nos llega tan sólo debido a la acción de lo psíquico; aunque toma en cuenta para sus concepciones tanto lo histórico, como lo físico, lo biológico, etc. Sus dos puntos básicos son: 1) el principio de la totalidad psíquica y 2) el principio de la energía psíquica.

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El Yo, la consciencia y el Inconsciente

En primer lugar definir qué es la psique. La psique es un término inclusivo que abarca las áreas de la consciencia, del inconsciente personal y del inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo es a veces denominado psique objetiva porque no es ni personal ni individual. Así, para Jung la psique es la totalidad de todos los procesos, tanto de la consciencia como del inconsciente. La psique consta de dos partes que se complementan y que son de propiedades opuestas: la consciencia y el inconsciente. En ambas partes participa el Yo, aunque éste puede desplazarse más hacia una u otra parte. El Yo es el complejo de representaciones que constituye el centro del campo de la consciencia y es la máxima continuidad e identidad de la persona, es el sujeto de la consciencia.

La consciencia es la función o actividad que mantiene la relación de los contenidos psíquicos con el Yo. En realidad la conciencia constituye una parte muy pequeña de la psique. La esfera de la consciencia está rodeada de contenidos que yacen en el inconsciente y a los que Jung denominó contenidos del inconsciente personal. Este inconsciente personal está compuesto por todos los contenidos que han sido postergados (nuestra consciencia sólo puede abarcar muy pocos contenidos), los cuales, sin embargo, pueden surgir de nuevo en cualquier momento en la consciencia. Además, este inconsciente personal está compuesto también por aquellos contenidos psíquicos reprimidos (por sernos desagradables), es decir, todo lo “olvidado”, “reprimido”, y también lo “percibido”, “pensado” y “sentido” bajo el umbral de la conciencia. Pero para Jung el inconsciente consta de dos partes o zonas: 1) el inconsciente personal y 2) el inconsciente colectivo. El inconsciente colectivo comprende contenidos que no son específicos de nuestro Yo individual ni proceden de adquisiciones personales, sino de la herencia ancestral psíquica. “El inconsciente es más antiguo que la consciencia y ésta se forma sólo secundariamente merced a la actividad psíquica, que es un funcionar del inconsciente”.

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Entonces, el inconsciente es la porción de la psique que se encuentra fuera del campo de la conciencia. Los contenidos del inconsciente están formados por recuerdos reprimidos a la conciencia y por un material, como pensamientos, imágenes y emociones, que nunca ha sido consciente. Para Freud el inconsciente significa una región o cualidad psíquica formada de contenidos que han sido reprimidos y se rigen por procesos primarios, no contando para ello ni las leyes lógicas, ni las categorías de espacio y tiempo, ni los valores; digamos que forman la “otra escena” de representaciones a las que el Yo ignora su existencia. Pero, para Jung, esto constituiría sólo parte del inconsciente personal; es decir, está compuesto por todos los contenidos que han sido postergados los cuales pueden surgir en cualquier momento en la conciencia y también por otros contenidos reprimidos por sernos desagradables. Pero para Jung existe además un inconsciente colectivo de la especie y filogenético, cuyos arquetipos producen mitologemas y se manifiestan como un lenguaje arcaico; sin embargo, utilizando símbolos culturales que son fuente de toda creatividad, aunque también de locura si el Yo consciente no los controla. Así pues, el inconsciente comprende contenidos que no son específicos para nuestro Yo ni proceden de adquisiciones personales, sino de la herencia ancestral psíquica. Se halla integrado por contenidos indiferenciados, los cuales representan el sedimento de los modos de acción típicos de la humanidad desde su principio –amor, odio, sexualidad, miedo, relación con los padres, etc.- La facultad del inconsciente es la de conducir4se de forma compensadora y la de oponerse a la conciencia.

La creencia de que la actitud principal del ser humano es la consciencia constituye un error, porque gran parte de nuestra vida la pasamos en el inconsciente (dormimos). La consciencia depende pues del inconsciente en gran parte y especialmente en las situaciones más importantes de nuestra vida. Los niños, por ejemplo, vemos como comienzan su vida en estado inconsciente y van creciendo en estado consciente. El inconsciente se halla integrado por contenidos totalmente indiferenciados, los cuales representan el sedimento de los modos de reacción típicos de la humanidad desde su principio (amor, odio, sexualidad, miedo, relación con los padres, etc.) La facultad decisiva del inconsciente  es la de conducirse en forma compensadora y la de oponerse a la consciencia, la cual, normalmente, siempre responde con una reacción individual adaptada a lo externo en la situación del momento. De esta manera el inconsciente responde de acuerdo a las leyes típicas del interior, procedentes de la experiencia de la humanidad, para de este modo facilitar al hombre una actitud adecuada conforme a la totalidad psíquica. Debemos destacar que este concepto de totalidad es para Jung mucho más que una unidad o conjunto. Para Jung este concepto comprende una especie de integración en sí, una síntesis creadora, que expresa algo espiritual-activo. Es una totalidad que corresponde al concepto de sistema autorregulador en su máximo alcance.

Se tiene que aclarar aquí que para Jung la psique tal y como nosotros la experimentamos se encuentra, sin duda, vinculada a nuestro ser somático, pero esto no significa en modo alguno dependencia biológica.”Según Jung lo psíquico debe ser admitido como  fenómeno en sí, porque no hay motivo alguno para considerarlo como simple epifenómeno, aun cuando se halle unido a la función cerebral; del mismo modo que no puede concebirse la vida como un epifenómeno de la química del carbono. Antes bien, está demostrado que la psique no se halla presa en el espacio ni en el tiempo. Lo inconsciente se manifiesta como si se hallase fuera del espacio del tiempo y del tiempo”. Finalmente, podemos decir que la consciencia se halla siempre dirigida en forma adecuada hacia la adaptación del Yo al mundo exterior. El inconsciente, por el contrario, es indiferente frente a esa tendencia consciente.

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Las cuatro grandes funciones psíquicas

Jung considera que existen cuatro grandes funciones psíquicas “congénitas” en todo ser humano que son las siguientes:

a) El pensar (representado por el color azul).
b) El sentir (representado por el color rojo).
c) El percibir (representado por el color verde).
d) El intuir (representado por el color amarillo).

Jung entiende por “función psíquica” a determinada actividad psíquica que en diferentes circunstancias permanece invariable y que es absolutamente independiente de los contenidos correspondientes. Por ejemplo, lo decisivo no es lo que se piensa, sino que con la función del pensar es con la que se logra la recepción y asimilación de los contenidos provenientes tanto del exterior como del interior.

Pensar es la función psíquica que mediante la elaboración del pensamiento, es decir, mediante las relaciones intelectivas y sus consecuencias lógicas se trata de llegar a comprender el mundo y la manera de adaptarse a él.

Sentir, por el contrario, es la función que capta el mundo a base de una apreciación afectiva. Aquí los valores que dominan son “lo agradable” o “lo desagradable”, o sea, “aceptación” o “rechazo”.

Tanto el pensar como el sentir Jung los califica como funciones racionales, porque ambas trabajan a base de estimaciones. El pensar estima a través del conocimiento (lo verdadero o lo falso), y el sentir lo hace a través de las emociones (el placer y el displacer). Estas dos funciones se excluyen recíprocamente, o bien prevalece una o la otra.

Percibir es la función psíquica que percibe las cosas tal como son y no de otra manera; es el sentido de la realidad.

Intuir es también percibir, pero menos mediante el aparato sensorial consciente y más a través de la facultad de “percepción interna” inconsciente de las posibilidades que se hallan en las cosas. Por ejemplo, el tipo perceptivo se dará cuenta de todos los detalles de un relato cualquiera, pero no se fijará en sus relaciones internas; el tipo intuitivo, en cambio, pasará por alto los detalles pero percibirá enseguida el sentido interno del relato junto con sus posibles significados.

El percibir y el intuir se hallan en recíproca oposición o se excluyen como el pensar y el sentir. A estas dos funciones, percibir e intuir, Jung las denominó irracionales porque, eludiendo la razón, no trabajan con juicios, sino con meras percepciones, sin valorarlas.

 

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El pensar es consciente, el percibir y el intuir son en parte conscientes y en parte inconscientes y el sentir es enteramente inconsciente. Estas cuatro funciones son, según Jung, fundamentales. Estas funciones han sido concebidas a lo largo de muchos años de experiencia al respecto. En la vida real estos tipos o funciones no se dan puros, sino en forma algo mixta. Normalmente, los pares opuestos “pensar-sentir” y “percibir-intuir” jamás se mezclan, pero sí se compensan. Si, por ejemplo, el pensar predominase en una persona, el sentir sólo estará oculto y latente, aunque inesperadamente puede irrumpir (momentáneamente) y producir manifestaciones de sentimientos infantiles, sueños de naturaleza instintiva, etc.

El taigitu es uno de los símbolos primitivos de la humanidad. Representa la dualidad de la luz y sombra, lo masculino y lo femenino como unidad, como totalidad; dualidad que aparece arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda, hacia delante y hacia atrás; en suma, el mundo de los contrarios. La parte blanca y la parte negra representan la dualidad entre la luz y la sombra, entre lo masculino y lo femenino, entre consciente e inconsciente como unidad, como totalidad.

 

La persona

La diferenciación de unos con otros depende de la conducta psíquica del ser humano frente al mundo que lo rodea. A estos modos de conducta o comportamiento Jung denomina persona. Jung define la persona diciendo que es un complejo funcional al que se ha llegado por motivos de adaptación, y que no es idéntico  a la individualidad. La persona, en realidad, es sólo un compromiso entre el medio externo y la modalidad interna estructural del individuo.

Jung usa el término persona en el sentido de la máscara que usaban los actores en los teatros griegos y romanos. Significa pues, la personalidad externa y social: lo que uno aparece ante los demás, según piensa que los otros esperan de él. Cuando el Yo se identifica con la persona se aliena, es decir, en vez de vivir lo que es, vive lo que aparenta ser, su personaje, presentando un papel ante los demás y ante sí mismo.

Para que exista la salud psíquica  la persona deberá mantener el adecuado equilibrio y no dejarse deformar demasiado ni por las presiones externas del mundo ni por los impulsos provenientes de su interior –el inconsciente-.

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Extraversión e introversión

Jung diferencia dos modos de actitud: la extraversión y la introversión. La extraversión se caracteriza por una relación positiva con el objeto y la tendencia hacia las normas externas  (el espíritu de la época). El extravertido siente y se conduce en relación con el objeto; transfiere su interés hacia fuera, hacia el objeto; se orienta preferentemente en lo exterior.

La introversión se caracteriza por una relación más bien negativa con el objeto. La conducta del introvertido es determinada principalmente por factores subjetivos; siendo, frecuentemente, algo deficiente u adaptación al mundo exterior. Para el introvertido el sujeto constituye el punto de partida de la orientación y concede al objeto un valor secundario.

La extraversión y la introversión se compensan mutuamente, es decir, si la consciencia tiene tendencia a la introversión entonces el inconsciente será extravertido, y viceversa. Ambas actitudes deben concebirse arraigadas en nuestra constitución biológica.

Las funciones psíquicas (pensar, sentir, percibir e intuir) merced a un esfuerzo consciente pueden ser considerablemente modificadas e incluso reprimidas. En cambio, la modificación del tipo de actitud, por el contrario, tan sólo puede provocarse por una “reconstrucción interna”, por una modificación de la estructura de la psique, bien por transformación espontánea (en este caso nuevamente por una causa biológica) o por un proceso lento de evolución psíquica, como por ejemplo el producido por el análisis.

Las actitudes –introversión y extraversión- tienden a cambiar algo en la segunda mitad  de la vida, o sea, el introvertido se volverá menos introvertido y más extravertido en esta etapa, y viceversa. Debido al hecho de que la introversión y la extraversión constituyen el núcleo básico de las cuatro funciones principales, resulta de esto un total de ocho tipos psicológicos diferentes.

1) El tipo reflexivo introvertido.
2) El tipo reflexivo extravertido.
3) El tipo sentimental introvertido.
4) El tipo sentimental extravertido.
5) El tipo intuitivo introvertido.
6) El tipo intuitivo extravertido.
7) El tipo perceptivo introvertido.
8) El tipo perceptivo extravertido.

 Y por supuesto, las mezclas y variantes de estos ocho tipos modelos.

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Síntoma y complejo

El síntoma y el complejo son manifestaciones perceptibles en el plano de la consciencia.

El síntoma es un fenómeno de estancamiento del fluir alterado de la energía que se expresa tanto somática como psíquicamente. Es como una señal de alarma que anuncia que algo esencial en la actitud consciente no anda bien. El síntoma es el representante del complejo, es una señal de alarma.

El complejo o los complejos son, según Jung, “partes que se han separado de la actividad psíquica”, son grupos de contenidos psíquicos que se han desunido de la consciencia y funcionan de manera autónoma y arbitraria; es decir, que llevan una existencia aparte en la oscura esfera del inconsciente, desde la cual, en cualquier momento, pueden inhibir o estimular producciones conscientes. El complejo representa, en general, la imagen de una situación psíquica alterada, de fuerte carga emocional, y se muestra incompatible con la actitud habitual de la consciencia. Una de sus causas más frecuentes es el conflicto moral, que en modo alguno se halla únicamente circunscrito a lo sexual. Todos los seres humanos tienen complejos y estos son, precisamente, los focos y nudos de la vida psíquica, cuya existencia uno no debe lamentar. Los complejos representan lo “no resuelto” en el individuo. El origen del complejo viene a ser el llamado “trauma” o choque emocional, o algo parecido, que es la causa de la disociación de un trozo de la psique. Pero el complejo tiene su última causa, por lo general, en la imposibilidad aparente de que la totalidad del propio ser individual se afirme. En suma, los “complejos” representan lo no resuelto en el individuo. El origen del complejo es el trauma o choque emocional como causa de la disociación de un trozo de la psique. Se trata de un contenido autónomo con tonalidad emocional perteneciente al Inconsciente Personal, que, como decimos, usualmente se forma mediante trauma o daño psíquico.

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La técnica de la asociación de palabras

El individuo puede liberarse de sus complejos mediante la psicoterapia. Por otra parte, la existencia, profundidad y tonalidad afectiva del complejo puede determinarse por el método de las “asociaciones” elaborado por Jung. La técnica de las “asociaciones” consiste en irle diciendo al sujeto cien palabras elegidas con arreglo a determinados puntos de vista como “palabras-estímulo”, y a cada una de las cuales tiene que responder con otra palabra (“palabra-reacción”) que precisamente se le ocurra primero. Después, pasado un determinado lapso de tiempo, como repaso, tratar de recordar y de reproducir todas las “palabras-reacción” siguiendo el mismo método. El tiempo de reacción –entre la “palabra-estímulo” y su “palabra-reacción- está determinado por la sensibilidad del complejo a la correspondiente “palabraestímulo”; igual sucede con la reproducción fallida o errónea. Jung desarrolló pues una técnica para identificar complejos llamada Test de Asociación de Palabras. El primer test de asociación de palabras se debe a Sir Francis Galton. Sin embargo, los estudios clínicos de la asociación de palabras surgieron con el psicoanálisis y gracias a Jung. Jung y Bleuler habían investigado una posible adaptación del psicoanálisis a la psicometría. Se trataba de crear una sesión psicoanalítica estandarizada. Lo consiguieron creando una lista de “palabras estímulo”. Utilizaron una lista de 100 palabras. La interpretación se basa en que cuando la palabra inductora tiene una carga afectiva, un complejo, se manifiesta por una serie de índices como el alargamiento del  tiempo de reacción, el bloqueo, la repetición, la referencia personal, la perturbación del comportamiento, etc.

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Los sueños

Los sueños forman el camino más adecuado y fácil para llegar a conocer el mecanismo y contenido del inconsciente. El material de los sueños está constituido por elementos conscientes, conocidos y desconocidos; aquí aparecen desde los llamados “restos diurnos” hasta los más profundos contenidos del inconsciente. El lenguaje de los sueños es arcaico, simbólico, prelógico; no existe en ellos espacio ni tiempo.

Para Jung, además de ser los sueños útiles para llegar al inconsciente, los considera como un “función” mediante la cual el inconsciente manifiesta en gran parte su actividad “reguladora”, ya que el sueño expresa la otra parte contraria a la actitud consciente; es la voz de la naturaleza primitiva y ancestral. Para Jung el sueño no sólo expresa temores y deseos, sino que además es una función compensadora integrada en la conducta psíquica total, por lo que rehúsa establecer determinados “símbolos-estándar” de éstos.

Los contenidos del inconsciente serán siempre ambiguos, y su sentido dependerá tanto de las situaciones individuales que acontecen como de la situación vital y anímica  (en un sentido totalista) del que sueña. De este modo algunos sueños irán mucho más allá de los problemas personales del sujeto que sueña y expresarán aquellos problemas que en la historia de la humanidad continuamente se repiten y que conciernen, por tanto, a la colectividad humana. Jung llega a aceptar incluso sueños de carácter profético.

Por último, todo sueño presentará, como es lógico suponer, un contenido manifiesto y otro latente.

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Fantasías y visiones

Además del sueño, Jung diferencia, como medios de las distintas manifestaciones del inconsciente, a las fantasías y a las visiones. Ambas guardan parentesco con los sueños y se presentan en estados en los cuales la consciencia se encuentra opaca o disminuida. Poseen también un contenido tanto manifiesto como latente, proceden del inconsciente personal y/o colectivo y para la interpretación psicológica proporcionan un material de igual calidad al que proporcionan los sueños.

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Los arquetipos

Las capas más profundas del inconsciente colectivo están formadas por motivos de naturaleza mitológica o del simbolismo de la historia de la humanidad en general, así como por las reacciones de tipo particularmente intenso. Jung llama a estos motivos y símbolos –que frecuentemente aparecen en los sueños- “arquetipos”. Los “arquetipos” representan ciertas existencias instintivas de la oscura psique primitiva. La expresión de “arquetipo” fue tomada por Jung de San Agustín y su significado se halla muy próximo a lo que Platón llamó “idea”; aunque para Jung el arquetipo lleva en sí, en su estructura bipolar, tanto la parte oscura como la luz inmanente; por el contrario, la “idea” de Platón es exclusivamente la imagen primitiva de perfección máxima en “sentido luminoso”, cuya parte contraria oscura ya no se halla, como la “idea” alejada en el mundo de la eternidad inmutable, sino que pertenece al mundo de la humanidad perecedera.

Los arquetipos podían calificarse también como “autorretratos de los instintos” en la psique, de “imágenes de pasados acontecimientos psíquicos”.

El inconsciente colectivo consta de formas de pensamiento que han sido heredadas por cada individuo, de las experiencias de toda la humanidad. Está formado por mitos y símbolos universales; también aparecen en los sueños y Jung los llamó “arquetipos”. El arquetipo es una cristalización psíquica inconsciente que produce efectos conscientes bajo la forma de símbolos. Arquetipos son el Anima, el Animus, el Salvador (Cristo, Buda, Mahoma, Moisés, etc.) el Héroe, el Padre, la Cruz, Dios, la Magna Mater. Entonces, para Jung, el arquetipo es la estructura innata que representa lo típico de la especie y se manifiesta en símbolos, a través de la imaginación creadora, en mitos y en otras creaciones psíquicas. Es la “forma” del instinto y como anímica “espiritualidad” constituye el polo de oposición autorreguladora de la “instintividad”. Los arquetipos constituyen la estructura básica del inconsciente colectivo.

Los arquetipos existen a priori para el individuo, son inherentes al inconsciente colectivo y, por tanto, se hallan sustraídos al devenir y parecer del individuo. El arquetipo posee, por así decirlo, una “eterna presencia”.

El número de arquetipos es más o menos limitado, porque corresponde a “las posibilidades de vivencias típicas fundamentales” que el ser humano ha experimentado desde siempre. La suma de los arquetipos significa para Jung la suma de todas las posibilidades latentes de la psique humana. Descubrir este material en la propia psique, despertarle a nueva vida e integrarlo a la conciencia quiere decir nada menos que anular el aislamiento e incorporarlo al curso del eterno acontecer.

Los arquetipos son fuerzas vitales anímicas que necesitan ser tomadas en serio, y que siempre procuran hacerse valer. Son los defensores de la salud, y el descuido de éstos puede llevarnos a distintas alteraciones patológicas de la personalidad.

Los principales “arquetipos” son los siguientes:

La sombra, la que durante el proceso de individuación es la primera etapa que se experimenta, simboliza la “otra parte”, nuestro “hermano tenebroso” invisible para nosotros, pero también inseparable. La sombra forma una parte del individuo compuesto por nuestro modo de actitud deficientemente desarrollado, por aquella disposición primitiva y colectiva de nuestra naturaleza que por motivos morales, estéticos y otros, se rechaza porque se halla en oposición con los principios conscientes.

Para lo “tenebroso personal” se halla la sombra bajo el aspecto individual, como la personificación de los contenidos de nuestra psique no admitidos, rechazados, reprimidos durante nuestra vida. Bajo el aspecto colectivo representa el “lado oscuro humano general”, la disposición humana para lo mezquino, primitivo y oscuro. La sombra es el verdadero contrario de nuestro Yo consciente.

La sombra puede estar representada por nuestro hermano o hermana mayor, por nuestro mejor amigo, o por un enemigo, y también por una figura mitológica. En las interpretaciones de la sombra deberá procederse a nivel del inconsciente personal  y luego del inconsciente colectivo

La consciención de la sombra en el trabajo analítico se enfrenta por lo regular a grandes resistencias por parte de la persona en terapia que deben ser vencidas poco a poco. DE lograr ser vencidas las resistencias se inicia entonces en el individuo una actitud mucho más objetiva frente a la propia personalidad (no necesita proyectar tanto sus defectos), sin la cual no puede adelantarse por el camino que conduce a la “totalidad”.

La sombra son pues los aspectos rechazados y no aceptados de la personalidad que son reprimidos y forman una estructura compensatoria del Yo ideal y de la “persona”. La “persona” es la interfaz psíquica entre el individuo y la sociedad que constituye la identidad social del individuo. Entonces, la sombra es el aspecto “oscuro” humano en general. En su forma más primitiva comprende impulsos animales: canibalismo, incesto, egocentrismo, furor destructivo. La mayor parte de la sombra es inconsciente. El material de la sombra es un aspecto importante del individuo porque es parte del Yo (se parecería a la parte inconsciente del Yo freudiano). El psicoanálisis consistiría en volver consciente la sombra.

 

Anima y Animus,  forman la segunda etapa del proceso de individualización, la que caracteriza por el hallazgo de la forma de la “imagen del alma”, que Jung denomina en el hombre anima y en la mujer animus. Son pues conceptos jungianos para expresar dos figuras o imágenes del “alma”, entendida ésta como personalidad interior. El anima corresponde, en el varón, a la imagen femenina ideal que suele proyectar en la mujer. El animus, en la mujer, se refiere a las diversas imágenes masculinas, que suele proyectar en determinados hombres. Ambas tienen un aspecto arquetípico y otro de origen personal, y un aspecto bueno y otro sombrío.

El anima puede manifestarse, por ejemplo, como dulce doncella, diosa, bruja, ángel, demonio, mendiga, prostituta, compañera, etc. El animus puede manifestarse por políticos, artistas o generales célebres, campeones deportivos, padre, etc. Así como la “persona” corresponde a la actitud externa habitual del sujeto, el “animus” y el “anima” corresponden a la actitud interna. Podemos considerar a la “persona” como la “imagen del alma”, como la función mediadora correspondiente entre el Yo y el mundo interior.

De la misma forma que la concienciación de la “sombra” permite el conocimiento de nuestra parte oscura aunque de igual el sexo, la “imagen del alma” permite el conocimiento de lo sexual contrario existente en nuestra psique. Gracias a la concienciación de este aspecto se consigue un mayor enriquecimiento de nuestro campo consciente y una amplificación de la personalidad total.

La Antigua Sabiduría es el siguiente paso, y es la personificación del “principio espiritual”. Su contrafigura en el proceso de individuación de la mujer es la Magna Mater, la madre tierra, la fría y objetiva verdad de la naturaleza. Así, en el hombre predomina el “principio espiritual” y en la mujer el “principio material”; vemos que el hombre es espíritu devenido y la mujer es materia impregnada de espíritu. Tanto la “antigua sabiduría” como la “magna mater” aparecen simbolizados como hechiceros, profetas, magos, caudillos, diosas, sacerdotisas, madre iglesia, etc.

Jung denomina a todas las figuras arquetípicas del inconsciente “personalidades maná”. Gracias a todo el proceso de individuación que se va desarrollando a través de los arquetipos en la psicoterapia, se logra la unión y armonización de los sistemas psíquicos consciente e inconsciente en un punto central denominado por Jung “uno mismo”, que es la última estación del camino de la individuación, y que se supone que sea la plenitud de la madurez y de la armonía psíquica.

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Concienciación

Según Jung, “concienciación” significa más que “percibir”, “observar”, “reparar en”. concienciación quiere decir desarrollo de una consciencia más profunda, más intensa y puesta en claro, capaz de captar y elaborar lo que sale al paso no sólo en el mundo exterior, sino en el interior.

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La libido

Jung concibe el sistema psíquico total como algo que se encuentra en permanente movilidad energética –dinámica-, y entiende que “energía psíquica” a la “totalidad” de aquella fuerza que une entre sí y hace latir todas las formas y actitudes de este sistema psíquico. A esta energía Jung la denomina “libido”. Esta “energía psíquica” –libido- se manifiesta siempre actualizada en los fenómenos específicos de la psique como en los instintos, los deseos, voliciones, afectos, rendimientos de trabajo, etc.

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La ley de los contrarios

La “ley de los contrarios” es fundamental y básica en la psique e inherente a la naturaleza humana. La psique es un sistema de autorregulación y no hay equilibrio alguno ni sistema de autorregulación sin “contrarios”, es decir, cada cosa tiene su opuesto –pares de contrarios-.

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La causalidad

“Según Jung el espíritu no debe considerarse como un mero epifenómeno, como ‘sublimación’, sino como un principio sui generis, como  principio formativo y, por tanto, supremo, el cual es sólo posible psíquicamente”.

“Para él la psicología no puede agotarse mediante una explicación exclusivamente causal. Para Juntg la causalidad es únicamente un concepto de ‘sucesión’ y no de efecto y causa. Él sostiene que la psique también tiene consciencia de su propósito; esta consciencia de finalidad se apoya en una ley interna que nuestra consciencia no puede conocer, que depende de la manifestación y acción de los símbolos que se elevan desde el inconsciente. Para Jung lo creador en nuestra psique y sus manifestaciones no puede explicarse causalmente”.

Freud busca las “causas eficientes” (o iniciales), que son las causas de la alteración psíquica posterior. Adler se adhiere a las “causas finales”, considerando igual que Freud, los instintos como “causas materiales” (o iniciales) y las “finales” como puntos de arranque y final, añade con las “causas formales” algo más amplio y sumamente importante, es decir, aquellas fuerzas formativas que son representadas principalmente por los símbolos como mediadores entre el inconsciente y la consciencia o entre los pares de contrarios psíquicos.

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El método y la psicoterapia de Jung

Todo lo que hemos visto hasta ahora lo podemos expresar de la siguiente manera: Freud se sirve de un método reductivo; Jung de un método prospectivo. Freud trata el material analíticamente diluyendo el presente en el pasado. Jung construye sintéticamente el futuro partiendo de la situación actual, para lo cual intenta restablecer las relaciones entre la consciencia y el inconsciente, es decir, de todos los pares de contrarios psíquicos, para proveer a la personalidad de una base sobre la cual puede restablecerse un equilibrio psíquico permanente. Por todo lo dicho, el método de Jung debe considerarse como dialéctico y tendente a lograr la síntesis de la personalidad.

Jung considera la “transferencia” en determinadas circunstancias, especialmente cuando adquiere formas exageradas, como un obstáculo en el camino del progreso más eficaz del tratamiento; llegando a comprenderse que en su método ésta tiene menos valor que en la técnica de Freud. Por “transferencia” se entiende en psicoanálisis el proceso por el que las imágenes reprimidas pasan del paciente al analista, en forma proyectiva, y el paciente las vivencia como actuales atribuyendo al psicoanalista sus propios deseos infantiles, amorosos u hostiles.

El terapeuta en la técnica de Jung tiene un papel más activo y directivo que en el caso del psicoanálisis de Freud; siendo la personalidad del psicoterapeuta decisiva para la aplicación idónea del método de Jung. Un conductor de almas no puede dar al individuo necesitado más que aquello que él tiene, de aquí la gran importancia de su personalidad.

 

Una neurosis es una ruptura de la personalidad debida a la existencia de complejos. Según Jung, en la neurosis, no es un terreno patológico cerrado el que surge al psicoterapeuta, sino un ser en la totalidad de su ser. No es la neurosis la que es objeto de una terapéutica, sino su portados. Hay cuatro métodos para investigar en un paciente lo desconocido:

  1. Método de las asociaciones.
  2. Análisis de los síntomas.
  3. Análisis anamnésico.
  4. Análisis del inconsciente.

El primero es la búsqueda de los más importantes complejos que se delatan en los trastornos en el experimento de las asociaciones. El segundo. Por medio de la sugestión procuramos hacer reproducir al paciente los recuerdos que están en la base de los síntomas psicológicos. Éste fue el método de Freud en la teoría traumática. El método anamnésico es de gran importancia como terapia y como método de investigación. Consiste prácticamente en una minuciosa anamnesis o reconstrucción del desarrollo histórico de la neurosis. El cuarto sólo comienza cuando los materiales conscientes se han agotado. Aquí el contacto personal es de una importancia fundamental. Análisis de los sueños e interpretación.

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La interpretación de los sueños

Los sueños son muy utilizados en el método de Jung por ser un fenómeno psíquico que ofrece fácil acceso a los contenidos del inconsciente. Jung considera que en el sueño (igualmente se refiere a las fantasías y a las visiones) aparecen representados no sólo los contenidos de los conflictos personales, sino también, a veces, las manifestaciones del inconsciente colectivo.

Jung considera la ordenación de las imágenes oníricas fuera de las categorías de espacio y tiempo, y no sometidas a ninguna causalidad en sentido estricto. Las raíces del sueño se hallan en parte en los contenidos conscientes (impresiones de la víspera, restos diurnos) y en parte en los contenidos del inconsciente, los cuales pueden ser provocados por contenidos conscientes o por procesos espontáneos inconscientes.

La interpretación de los sueños alcanza mayor seguridad sólo cuando se lleva a cabo en una serie de sueños, de esta manera los siguientes ayudan a corregir y/o verificar los anteriores, profundizándose mejor en su sentido básico. Para Jung los símbolos del sueño  no tienen significado estándar y deben ser interpretados según el contexto del sueño y las características psicológicas de cada sujeto.

La serie de sueños, más o menos larga, reemplaza, por decirlo de alguna manera, a aquel contexto que el análisis de Freud intenta descubrir mediante la asociación libre. Según Jung es conveniente que la asociación del paciente respeto a sus sueños sea ayudada y en cierto modo dirigida por el propio psicoterapeuta, para hacerla de esta manera eficaz y productiva.

En toda interpretación primero deben plantearse las situaciones a nivel del inconsciente personal hasta lograr su entrada en la consciencia bajo el aspecto personal y considerado a la luz de las propias experiencias, luego podemos tocar los problemas y símbolos al nivel del inconsciente colectivo, pero nunca antes. El camino que toman los contenidos del inconsciente recorre aproximadamente las seis etapas siguientes:

  1. Descenso del umbral de la consciencia a fin de que los contenidos del inconsciente puedan salir de éste.
  2. Los contenidos del inconsciente ascienden a los sueños, visiones y fantasías.
  3. Los contenidos son percibidos y fijados por la consciencia.
  4. Investigación, aclaración, interpretación y comprensión del sentido de los diversos contenidos.
  5. Insertación de este sentido en la situación psíquica total del individuo.
  6. Apropiación, incorporación y elaboración del sentido encontrado por el individuo.

En los sueños Jung no emplea las asociaciones libres de Freud, sino un método que llama “amplificación”.

Amplificación significa no una cadena de asociaciones causalmente unidas, sino una ampliación y enriquecimiento del contenido del sueño con todas las imágenes análogas posibles. Además, los elementos aquí aportados vienen dados tanto por el paciente como por el psicoterapeuta. Con frecuencia es el psicoterapeuta el que determina, mediante su contribución con analogías, la dirección que tomarán después las asociaciones del sujeto.

La amplificación representa una especie de trabajo de asociación limitado, unido y dirigido, que una y otra vez retorna al núcleo de la significación del sueño y, por así decirlo, lo explica dando vueltas a su alrededor. Freud investiga el ¿por qué?; Jung el ¿para qué?, del sueño. Su pregunta básica es: ¿cuál es la intención del inconsciente? ¿Qué pretende indicar?

Vamos a poner un ejemplo: un intelectual sueña que camina bajo el gran puente de un bello arco iris. Caminar por debajo y no sobre el puente le asombra. El sueño indica que este sujeto pretendía resolver sus problemas fuera de la realidad y le señala el camino verdadero que debe seguir, es decir, no por “arriba”, sino por “debajo”. Este sujeto reprimía su vida instintiva y pensaba que todo podía resolverlo con su intelecto, y el sueño le indicaba lo que debía hacer al respecto: menos intelectualización (“arriba”) y más libertad instintiva (“abajo”).

Los sueños que constan de elementos ricos en detalles y precisos, probablemente expresan, ante todo, problemas individuales y pertenecen fundamentalmente a la esfera del inconsciente personal. Por otra parte, los sueños que presentan detalles escasos e imágenes sencillas representan aspectos más universales y son, principalmente, un producto del inconsciente colectivo.

Jung diferencia dos tipos de interpretaciones:

  1. La interpretación subjetiva interpreta las figuras del sueño y sus acontecimientos simbólicamente, como imágenes de los factores psíquicos  internos y situaciones del que sueña. Los personales del sueño representan siempre tendencias o funciones psíquicas del que sueña y la situación del sueño, su actitud respecto de sí mismo y de la realidad psíquica dada. El sueño así concebido alude a lo interno.

  2. La interpretación objetiva, por su parte, evidencia que las figuras del sueño hay que entenderlas como tales, concretamente y no simbólicamente. Las figuras del sueño representan entonces la actitud del que sueña respecto de los hechos externos o de las personas con las cuales guarda relación.

Un ejemplo: Si alguien sueña con el propio padre, al cual tiene por bondadoso y generoso, y en el sueño aparece como cruel, egoísta y dominante, esto significaría, interpretando en el grado subjetivo, que el que sueña alberga en su propia psique tales cualidades, aún cuando, sin embargo, no tiene consciencia de ello y a lo que concede una importancia que no coincide con la situación real. Interpretado desde el grado objetivo, el sueño representaría al padre en su realidad, el cual es mostrado al que sueña en un aspecto que hasta entonces desconocía.

Según Jung, todo lo que es inconsciente se proyecta, es decir, que aparece como propiedad o conducta del objeto. Sólo gracias al acto de autorreconocimiento son después vinculados al sujeto los contenidos desligados del objeto y reconocidos como fenómenos psíquicos. Jung define la proyección como “la trasposición de un fenómeno subjetivo a un objeto”; y la introyección como “la asimilación del objeto por el sujeto”.

Los símbolos desempeñan en la interpretación de los sueños de Jung un papel básico central.  Dice que los contenidos de los símbolos jamás puede expresarse racionalmente en forma completa. Por último, Jung estimula a sus pacientes para que le dibujen los sueños y ser sometidos así a una más amplia interpretación.

Las clases de sueños, según Jung, son: reactivos, telepáticos, típicos, insignificantes e importantes.

Sueños reactivos: Son los que ciertos hechos objetivos han creado un trauma psíquico. La guerra ha producido cantidad de traumas y sueños; pero también la vida cotidiana como, por ejemplo, el caso de una mujer que sueña que es atacada por un hombre. En la realidad sufrió un intento de violación por un hombre y este hecho real ha creado cierto trauma y por esto ha venido soñando durante dos años en estos ataques hasta que la psicoterapia ha solucionado el trauma.

Sueños telepáticos: El mismo Jung describe uno explicando que a la noche se despierta porque ha soñado que recibía un fuerte golpe en la cabeza, se da cuenta que ha sido un sueño. Al día siguiente recibe la noticia que un paciente suyo se había suicidado de un disparo en la cabeza.

Sueños típicos: Tienen un significado simbólico fijo. Soñar que se corta un dedo o alguna parte del cuerpo simboliza la castración. Soñar con agua, que simboliza el inconsciente y vinculado a ello volver al seno materno.

Sueños insignificantes: Son fragmentos nocturnos de la fantasía.

Sueños importantes: Contienen estos sueños los llamados temas mitológicos a los que Jung llama arquetipos. Hay dragones, animales benéficos y demonios, el tesoro oculto, el árbol de los deseos, el sabio anciano, etc. Se presentan en períodos decisivos de la vida –en la primera juventud, en la pubertad, en la madurez y cerca de la muerte. Jung cita que “un joven soñó con una gran serpiente que custodiaba un vellocinio de oro en una bóveda subterránea”. Debemos recurrir a los mitalogemas para interpretarlo, donde la serpiente y el dragón, el tesoro y la gruta, representan una de las pruebas demostrativas de la vida heroica. ¿Todos los sueños tienen significado? No, aunque la mayoría sí, existen sueños ininteligibles tanto para el psicoanalista como para el paciente.

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La individuación

La individuación es el proceso de evolución de “sí mismo”, y consiste en un inicial apartamiento consciente del individuo de la indiferenciabilidad e inconsciencia del grupo humano. De esta manera y por propio esfuerzo, al encontrarse el individuo su diferenciación y su verdadera personalidad plenamente desarrollada en una individualidad armoniosa, puede encontrar entonces su lugar verdadero y adecuado en la colectividad; ya que sólo a través de este proceso de individuación podemos desarrollar cabalmente nuestra personalidad y ser parte integrante del grupo humano y no sólo un número más en la masa. Así, gracias al desarrollo de la personalidad individual se crea, según Jung, la sociedad mejor estructurada, y cada persona llega a encontrar y ser su “uno mismo”.

El proceso de “individuación” se desarrolla a través de la comprensión e integración de los arquetipos básicos en sucesivas etapas, comenzando por la sombra, luego el anima y el animus y, finalmente, la antigua sabiduría y la magna mater.

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Los símbolos y sus funciones

Una de las aportaciones de Jung a la comprensión de la conducta humana es la función que tienen los símbolos en la vida humana. El lenguaje es uno de los mayores símbolos. Las palabras y frases son símbolos porque figuran en lugar de otra cosa, no poseen significado por sí mismos, el significado es atribuido.

Los símbolos expresan aquello que resulta difícil de explicar o que no puede expresarse fácilmente. Por ejemplo, un joven envía flores a una mujer. Con este símbolo le está diciendo cosas que quizás no podría decir fácilmente como: “pienso mucho en ti”, “me gusta salir contigo” o “perdóname no quise ofenderte”.

La obstaculización de las actividades simbólicas produce trastornos. ¿Cómo podría haber una boda sin anillos? Jung considera que los símbolos y las prácticas simbólicas confieren sentido a la vida, le proporcionan al ser humano una forma de resolver sus problemas. Los símbolos existen y han existido en todas las culturas y muchos símbolos son universales. Los rituales simbólicos alrededor de hechos como el nacimiento, el matrimonio y la muerte son universales. En el hombre actual los símbolos serían la riqueza, el poder, el prestigio, la seguridad los cuales se han revelado inoperantes y según Jung deben reemplazarse.

Las características del símbolo:

a) El símbolo puede ser señal de una cosa abstracta o ausente. Por ejemplo, el cetro simboliza la realeza, la bandera a un pueblo o la patria. Y este símbolo puede influir si está cargado de emoción.

b) El símbolo que se convierte en una realidad viva y detenta un poder es el más importante de todos. Por ejemplo, para algunas personas un gato negro posee un poder real benéfico o maléfico.

Los grandes símbolos masculinos:

El Sol (activo, radiante, fecundante). Pongamos a un hombre civilizado durante la noche en pleno bosque y reaccionará como el hombre de hace diez mil años, tendrá miedo, deseará por encima de todo que salga el sol. Para los primitivos asociaban salir el sol con la desaparición del temor y del miedo, con la seguridad; así el sol se convertía en un Dios al que adoraban y rezaban. Asociaciones a la palabra “sol”: luz, esperanza, riqueza, perfección, espacio, Dios, vida, belleza, fuerza, gloria, paraíso, euforia, padre, fuego, amor.

El Padre (guía que ilumina e irradia). La idea de padre aparece en las asociaciones a sol y subir. El padre, lo mismo que el sol, es un héroe para el niño. El padre es un ser poderoso y glorioso. Además, los niños presumen de sus padres y de su profesión. Para un hijo el padre tiene rasgos sobrehumanos y está colocado sobre un pedestal. Si por cualquier razón su padre no responde  a la idea simbólica que el niño tiene de él, en el niño aparece una contracción que puede llevar incluso a un desequilibrio psíquico.

 

El Fuego (activo, radiante, vinculado al Sol, principio de vida). El fuego ha sido siempre de un verdadero culto. En nuestros días el fuego se relaciona con los sentimientos de amor. Se dice: “siento un amor ardiente”, “me  consumo de amor”, “mi corazón arde de amor”. Imaginemos a un novio que dijera: “mi corazón está lleno de agua por ti”, obviamente sentimos una especie de disonancia en nuestro interior. Asociaciones a la palabra “fuego”: brillo, luz, amor, purificación, vida, Dios, energía, espíritu, gloria, fuerza.

El Falo (símbolo universal de la virilidad, activo, fecundante). La persona normal siempre ha adorado la vida. Es pues natural que adorase cuanto da vida y permite su continuación. Ninguna vida sería posible sin el Falo. Se convierte así en un principio masculino general. Se comprenderá que haya podido dar lugar a un culto universal como el Sol y el Fuego. Para los primitivos, el Falo representa l vida, la cual se origina mediante el acto sexual. Asociaciones dadas al “falo” por personas neuróticas: sexo, me perturba, pecado, es absurdo pero me produce vergüenza, hombre y yo, odio a los hombres, oscuridad, no deberían decirse tales palabras, pienso en él como algo prohibido. Asociaciones dadas al “falo” por personas no neuróticas: vida, creación, potencia, fecundación, continuación de la vida, columna, árbol.

Los grandes símbolos femeninos:
 
La Tierra (pasiva, fecunda). Desde los tiempos más remotos se ha asociado Tierra y Mujer. Como ejemplo tenemos “tierra materna”, “tierra madre”. Además la tierra es fecunda, es pasiva, da frutos y la mujer también. En el mundo entero y en todos los tiempos la fertilidad del suelo hace pensar en la fertilidad de la mujer. Pero para ser fecunda la tierra tiene que ser labrada; es lógico pues que se asimile labranza a fecundación. Asociaciones a la palabra “tierra”: riqueza, fecundidad, abundancia, seguridad, nodriza, madre, maternal, fecunda, mujer, virgen, pasiva.

El agua (fecundante, pero pasiva). El agua es un poderoso símbolo emotivo desde hace milenios. Aparece en los sueños nocturnos, en la literatura, en la poesía, en las canciones. El agua ha sido símbolo de fecundación, de feminidad, de renacimiento, de purificación. Asociaciones a la palabra “agua”: envolver, fecundidad, abundancia, trigo, calma, bautismo, madre, saciarse para siempre, pureza, juventud eterna, renacimiento.

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Símbolo de conjunción

La imagen arquetípica que señala e ilumina el camino del equilibrio de la totalidad psíquica y de la anulación de los contrarios en un devenir psíquico del “uno mismo” es el “símbolo de conjunción”. Cuando el camino de la individuación se aproxima a su fin es que aparece este símbolo, y es la consecuencia natural del hecho de que lo psíquico interior ha llegado a cobrar tal realidad que es percibido como parte real de una “totalidad psíquica” ahora vivenciada y comprendida por el individuo. Con la aparición de este símbolo comienza a quedar establecido el equilibrio entre el Yo y el inconsciente. La “mandala” puede ser su más idónea expresión, aunque no la única.

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Bibliografía:

De Jung:
 Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós.
Los complejos y el inconsciente. Alianza Editorial.
Consideraciones sobre la historia actual. Guadarrama.
Energética psíquica y esencia del sueño. Paidós.
Formaciones de lo inconsciente. Paidós.
El hombre y sus símbolos. Aguilar.
Lo inconsciente. Losada.
La interpretación de la naturaleza y la psique. Paidós.
Psicología y religión. Paidós.
Recuerdos, sueños, pensamientos. Seix Barral.
Respuesta de Job. F.C.E.
Simbología del espíritu. F.C.E.
Tipos psicológicos. Sudamericana.

Consulta:

La obra de Jung y la psicología de los complejos. Baudouin, Ch. Gredos.
Conceptos fundamentales de la obra de Jung. Hall, C. S., y Nordby, V. J. Psique.
Psicoterapia. Tomo III. Portuondo, Juan A. Biblioteca Nueva.
El mapa del alma según Jung. Murray Stein. Luciérnaga.

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